El invierno, la primera estación que se asoma a principios de cada año. Días cortos y fríos, que se hacen notar hasta mediados de marzo.
El domingo pasado, cámara en mano, me dispuse a retratar esos últimos coletazos de la estación, sin embargo me encontré con algo mucho mas espléndido; cientos de insectos tomaban el bosque como s de la primavera se tratase. Las abejas se aglomeraban para revolotear alrededor de las mimosas y chupar el negat. De las flores de los almendros, miles de orugas invadían los pinos, formando sus hilosas casas y solo saliendo de ellas para formar filas infinitas hacia un destino interminable.
Después de unas horas de paseo, el resultado fue el que os dejo a continuación, el testigo fue mi cámara Nikon D3100 y mi objetivo Nikkor 55-200mm, y la conclusión; la mejor manera de hacer fotos es dejar que ellas te encuentren a ti.